Zegama Aizkorri

Zegama Aizkorri Maratoia. Señora de las alturas.

Texto: Kissthemountain

S  

entimientos muy intensos. Pasión y sacrificio. Esfuerzo y satisfacción. Búsqueda del desenlace perfecto. Difícil que lo vivido caiga en el olvido. Muy difícil. Casi imposible.

“No es manía ni locura esto que tengo contigo. No es manía ni locura que los mejores doctores no hayan encontrado la cura, que no venga de tu mano, Señora de las Alturas”.

Elementos agua y aire. Frío. Lluvia y viento que se aliaban con las bajas temperaturas para hacer que el día en el que Zegama Aizkorri Maratoia cumplía los quince años, la montaña nos recordase lo pequeños que somos comparados con su inmensidad.

Otzaurte, Aratz, Aizkorri, Aitxuri, Oltze, Urbia, Andraitx…

“Si te quieres venir, puedo pasar a buscarte, así te quedas conmigo para que pueda contarte lo mucho que te necesito. Aunque creo que ya lo sabes, voy a volver a decirlo, que te quiero más que a nadie, que te sigo queriendo lo mismo, para que alivies mis males, Señora de las Alturas”.

Elemento tierra. Barro y piedra. Compañeros desde el principio de esta lucha en la que el más fuerte adversario es uno mismo, y en la que aquellos que también portan un dorsal, de rivales se transforman en compañeros en los que apoyarse una y otra vez.

Elemento fuego. El que habitó en los corazones de todos los afortunados combatientes.

Zegama. Señora de las Alturas. Larga vida.

*Señora de las alturas.  Canción de Los Planetas de su disco Una ópera egipcia.

 

 

Yngvild y Oihana. Juventud y veteranía.  Calma tensa y fingida. Los nervios y las dudas circulan por sus venas. Fuerza. ¡Aupa!

 

 

 

Aritz y el resto. Cielo amenazante. Zegama os espera. Volved con el deber cumplido. Ese que os permitirá reposar con la satisfacción de haberlo dado todo. Casi hasta la vida.

 

 

 

Oihana. Contención para no dejarse embriagar por los ánimos de un público enloquecido que no entiende de reservas de fuerza para la soledad que sigue a la cumbre del Aizkorri. Experiencia.

 

 

 

Azara. Pasión. Pura fuerza. Su sonrisa desconoce aún que el frío iba a romper sus ilusiones apenas unos kilómetros después. Volverá. Sin duda. Zegama te espera.

 

 

 

Kilian y Marc. El rey y el príncipe. Camino de Sancti Spiritu donde librarán una batalla grabada a fuego en los ojos de cientos de afortunados testigos.

 

 

 

Jokin. Sentimiento puro. Orgullo euskaldun. Guerrero casi invencible. De aquí hasta la eternidad, la meta. Sin guardar absolutamente nada. Vacío.

 

 

 

Maite. Fuerza y coraje. Por méritos propios. Superación y entrega. Lesión superada porque sí. Porque llegaba la cita perfecta. Su cita.

 

 

 

Luis Alberto y Manuel. Esto es Zegama. Esto es montaña. La cara de Manuel lo dice todo. La de Luis no podemos verla, pero sabemos que es de respeto por el compañero, no rival.

 

 

 

Zegama. Un pueblo volcado. Público, voluntarios, corredores y organización. Todos a una. Todos por la mejor prueba de montaña del mundo. Un sentimiento común.

 

 

 

Kilian. Maestro de maestros. El Señor de Zegama. Una leyenda en vida. Un mito. Algún día, en el futuro, los libros hablarán de él. Eso ya se lo ha ganado. El más grande.

 

 

 

Yngvild. Todo el futuro a sus pies. Luchadora de aspecto frágil pero de armas tomar. Sonríe. Sonríe. Sonríe. Y guarda para siempre este recuerdo. Has entrado en la historia.

 

 

 

¿2?, ¿1? Es indiferente. Quizás en otra edición en lugar de un número debería aparecer “K” O “D” de Dios.

 

Vivir Zegama es algo diferente. Se tienen experiencias que no da ninguna otra carrera. Y no hablo de la prueba deportiva en sí.

Mucho se ha escrito sobre la subida por Sancti Spiritu hacia el Aizkorri. Los ánimos de la gente son algo que no olvidarán jamás todos aquellos que han tenido la oportunidad de participar en esta prueba. Los gritos son tan ensordecedores que, cuando terminan, y se afronta la cresta hacia el Aitxuri, el silencio que se vive se convierte en un zumbido similar al que penetra en tus oídos después de haber asistido a un concierto de volumen considerable. Es realmente difícil no dejarse llevar por los ánimos de un público que no entiende de reservas de fuerzas para el resto de la carrera.

Antes de correr esta prueba, había oído hablar de la belleza de su recorrido, del barro y de los ánimos de la gente. Quizás no tanto de su dureza. Pero es que claro, probablemente ésta no esté en su desnivel, que desde luego es muy considerable para 42 kilómetros, sino en las condiciones climatológicas y por ende, en el barro.

En la edición de 2016, hubo mucho, muchísimo. La sensación de patinar, más que de correr, es frecuente en muchos tramos. Se nota perfectamente quien está habituado a correr por él y quien, entre risas primero, y temeroso después, afronta esas bajadas. Sin duda un elemento característico de esta prueba junto a la niebla que convierte los bosques que se atraviesan en paisajes sacados de una leyenda. Todo es muy bello. Senderos, cimas, crestas, campas, bosques…

Pero no creo que la carrera sea la verdadera protagonista del fin de semana. Al menos para mí. Lo que más me ha maravillado de estos días, es el ambiente que se vive en Zegama. Se puede decir sin temor a equivocarse, que es diferente. Y esto probablemente sea porque este deporte no es comparable a ningún otro. ¿Dónde puede un aficionado cruzarse una y otra vez con campeones del mundo o de Europa y saludarlos sin ningún impedimento? ¿En qué otro ambiente es posible ver en primera persona la excelente relación que tienen deportistas de distintos equipos? ¿Dónde puede uno tomarse algo justo a escasos centímetros de ese corredor que tanto admira? Corredores, organización, asociaciones nacionales e internacionales, marcas, prensa, voluntarios… La convivencia es perfecta. Todo parece perfectamente engranado para vivir un fin de semana soñado. Incluso la presencia de las furgonetas de marcas como Salomon, Buff o La Sportiva, con sus puertas abiertas y el equipo congregado en torno a ellas, te arrancan una sonrisa cada vez que pasas junto a ellas.

Un último detalle. He participado en muchas pruebas de reconocido prestigio, tanto en territorio nacional como más allá de sus fronteras. Alguien podría discutirme si dijera que en ninguna de ellas se congrega tanto deportista de élite entre los quinientos participantes que tienen la suerte de poder tomar la salida. Lo que no admite dudas, y esto es único en el mundo, es la integración entre todos los corredores. Todos somos iguales. Es la esencia de las carreras de montaña y por favor, que esto no cambie. Pruebas como Zegama velan por ello. Pasando por el control de dorsal y material hacia el recinto de salida, tenía justo detrás a Zaid Ait Malek, delante a la izquierda a Alfredo Gil, y a la derecha a Oihana Kortazar. No hay privilegios para el corredor de élite. Todos vamos a enfrentarnos a la más dura y bella batalla. Zegama es Zegama. Por siempre.

 

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