Mikel Zabalza. Templanza y experiencia.

 

 

Texto:  Alex Colomina | Kissthemountain. 

 

M  

ikel Zabalza es alpinismo. Navarro, a punto de cumplir 50 años, lleva toda una vida dedicada al mundo de la roca, el hielo y la nieve. Guía de Montaña UIAGM y director del Equipo Español de Alpinismo de la FEDME, transmite conocimiento, experiencia y tranquilidad. Explorar y conocer rincones escondidos y desconocidos es su pasión. Con más de 35 expediciones extraeuropeas, travesías polares y grandes aventuras en ochomiles, nos brinda una charla muy honesta sobre su visión de la montaña y sus motivaciones, siempre sin olvidar las cumbres que tiene al lado de casa, Pirineos, territorio de sueños y aprendizaje.

 

Kissthemountain: Hola Mikel. Encantados de hablar contigo. ¿Qué tal estás? ¿Cómo han ido estos meses tan extraños para todo el mundo?

Mikel Zabalza: Hola, la verdad es que bien. Vivo en un pueblo, tenemos una casa con algo de terreno y hemos estado muy tranquilos, con el monte al lado. No me puedo quejar. A nivel laboral, sí que existe mucha incertidumbre. Yo soy guía y no sé cómo va a venir el verano. Estamos esperando a ver si se reactiva todo y puedo trabajar algo por Pirineos. Vivimos de esto y ahora tocan unos meses en el dique seco. Alpes no lo he descartado del todo. Pienso que podremos ir, pero hay que ver las condiciones en las que podremos trabajar y qué tendremos que hacer. De momento, disfruto mucho con lo que tengo cerca de casa.

K: Es bueno ver esa parte positiva porque ahora, a corto y medio plazo, parece que todo va a tender a proyectos locales, tanto a nivel laboral, como de actividades de montaña, escalada y alpinismo. Se van a volver a buscar rincones cercanos nuevos, escondidos…

M: Está claro que en el plano deportivo buscaremos objetivos cercanos. Yo he sido de escalar mucho cerca de casa. Siempre me ha gustado buscar rincones nuevos en el Pirineo Occidental y, como todavía tengo varios sitios por descubrir y explorar, estoy muy motivado. Estoy tranquilo porque con lo que tengo en mi entorno cercano puedo colmar mis inquietudes.

K: Me alegro. En una entrevista tuya del Diario de Navarra cuentas como fueron tus inicios en la montaña, a través de un club de Pamplona. Algunos accidentes durante la adolescencia escalando y esquiando…, esa progresión en la que descubriste el mundo que realmente te apasiona. ¿Hubo algún punto de inflexión en el que vieras que realmente querías que tu vida girara alrededor del alpinismo?

M: Sí que hubo un claro punto de inflexión. Fue en mi primer viaje a Nepal, en 1992. Ese verano había estado trabajando de bombero eventual, y con el dinero que gané, junto con un amigo de Pamplona, Fermín Izco, marchamos a Nepal. Allí hicimos varias ascensiones. Hice cumbre en mi primer sietemil en estilo alpino. A los años me enteré de que era un pico virgen [Risas]. Esa experiencia nos marcó a los dos y a partir de ese viaje condicioné el resto de cosas de mi vida, sobre todo la parte laboral, que la dejé en un segundo plano, para poder escalar por el mundo. Llegaba a casa y buscaba trabajos que no me atasen. No quería una ocupación fija. Estuve haciendo trabajos verticales y buscaba la combinación de tiempo y dinero para poder viajar por el mundo. A nivel laboral, no me interesaba tanto lo que hacía a cambio de que después tuviera tiempo para salir de viaje a expediciones. Fue una época muy interesante.

K: Si miras hacia atrás, ¿cómo ha ido evolucionando tu motivación a lo largo de los años?

M: La motivación es parecida. Me siguen interesando las mismas cosas. Me motiva la exploración, la incertidumbre. Poder combinar dificultad con exploración. Y esto lo puedo encontrar tanto en el Karakórum o en el Himalaya, como en Pirineos. Siempre he buscado esa combinación que es el combustible principal de mi motivación.

K: Pensar que lo que buscas lo puedes encontrar cerca de casa es una actitud muy positiva. Está claro que es bueno irse lejos, pero explorar todos los rincones que tenemos cerca merece la pena.

M: Totalmente. Abrir o escalar una ruta de la que apenas hay información, que está sin repetir… Vas con toda la incertidumbre y muchas dudas. Me encanta escalar sin croquis, buscarme la vida. Tomar las propias decisiones en la pared o en la montaña y tratar de elegir lo más acertado hacen grande la actividad a la vez que nos enriquece mucho.

 

 

 

K: Hablabas de exploración. Personalmente siempre me han llamado mucho la atención las expediciones polares. Atravesar Groenlandia o la Antártida durante tantos días, cruzando ese desierto helado, debe de despertar unas sensaciones muy especiales.

M: Te sientes muy pequeño en ese horizonte infinito helado. Es un alpinismo horizontal con otros condicionantes. Para mí, el recuerdo más especial que tengo de las travesías polares es que son las expediciones más humanas que he hecho. ¿Por qué? Porque estás en un lugar muy remoto, conviviendo con tres personas con las que duermes en la misma tienda a diario. En una expedición a una montaña, en el campo base siempre tienes momentos para evadirte, leyendo tranquilo en tu tienda, descansando… Aquí no existe eso. Todos los días son muy parecidos, aunque exista la parte lúdica con la comenta. En la Antártida, estuvimos 60 días. Es una expedición muy humana.

K: Una parte importante de las actividades de montaña es que forjan amistades para toda la vida.

M: No quiero decir que esto sea mejor que otras cosas que puedas vivir, ni que sean más intensas, pero para mí, dentro de los viajes que he vivido, las expediciones polares han sido las que a nivel personal y humano más me han exigido y más me han dado de mis compañeros. Es el recuerdo más grato que tengo de estas actividades.

K: La parte que menos se ve de las expediciones es el proceso de aclimatación y espera en el campo base. Ver los días pasar hasta que llega la ventana de buen tiempo requiere de mucha paciencia. Supongo que es algo que también se va aprendiendo a lo largo de las expediciones. Imagino que las primeras veces te costaría más que ahora estar metido cinco días en una tienda de campaña.

M: La tolerancia a la frustración es algo que tenemos muy trabajado los alpinistas. Ha habido expediciones en las que apenas he tenido la oportunidad de aclimatar correctamente, y otras en las que habiéndolo hecho muy bien, estás condicionado por una ventana de buen tiempo para hacer el intento definitivo que finalmente no llega. Te vas a casa sin haberlo conseguido. Hay momentos de frustración, pero tienes que convivir con ellos. No queda otra. Es parte del juego y hay que salir de casa sabiendo que eso puede pasar. En algunas expediciones hemos tenido experiencias muy buenas, como en la vertiente norte del Gasherbrum II, por China, y luego no llegamos a hacer un intento bueno. Ahora miro atrás y veo que fue una bonita aventura. Ese tipo de viajes los valoras con el tiempo.

 

 

K: Además de tu trabajo como guía y de tus expediciones, hace nueve años que eres el director del Equipo Español de Alpinismo de la FEDME. Poder transmitir toda la experiencia que has ido adquiriendo durante años de escaladas, expediciones y horas en el monte debe de ser muy gratificante y enriquecedor para ti y para los integrantes del equipo.

M: Así es. Son chavales que tienen una motivación que les sale por todos los poros de su cuerpo. Están muy fuertes y me cuesta seguirlos [Risas]. Mi labor, sobre todo, es canalizar esas energías y hacer algo de formación cuando me parece oportuno. Formación relacionada con la seguridad, aunque la mayoría vienen bastante aprendidos. El grueso de a lo que nos dedicamos es a tecnificar. Normalmente, dejo que las cordadas fluyan de manera natural y que sean ellos quienes pongan los objetivos. Yo puedo tener más experiencia para orientarlos si alguno va a hacer algo que no toca por las condiciones. A veces soy un facilitador de espacios para la práctica del alpinismo y otras puedo dirigir y/u orientar cuando vea algo que ellos no ven.

K: ¿Qué ves en ellos diferente a tu generación?

M: Tienen un nivel deportivo superior al que teníamos nosotros en aquellos años. La mayoría de ellos, con la escalada deportiva y entrenando en plafones, parten con una base muy potente. También tienen mucha más información de la que teníamos nosotros cuando éramos jóvenes. Información y formación, ambas cosas. Nosotros fuimos más a las bravas.

K: A veces pienso durante alguna actividad que me gustaría estar haciéndola con menos información, descubriendo ese entorno a mi manera. Pero a la vez, poder saber las previsiones del tiempo para los próximos días nos facilita muchísimo planificar cualquier cosa.

M: Por supuesto. Además, a mí siempre me ha gustado explorar. He dedicado una infinidad de días, sobre todo en invierno, a ir a mirar, a ver si donde yo creo que puede haber una línea, la hay. Ahora la gente no quiere hacer eso, sino ir a tiro fijo y no invertir su tiempo en eso. Yo he dedicado muchos días de mi vida, y lo seguiré haciendo, a mirar y buscar. Siempre me ha interesado mucho y es una parte que veo muy atractiva y motivante.

K: Es verdad que el tener más información nos hace dejar de buscar. Simplemente intentamos guiarnos por reseñas y referencias.

M: De hecho, mucha gente te dice que no ha visto nada en internet, que eso no puede estar formado. Pero claro, no todo está en la red. Yo, por mi experiencia y por el seguimiento que hago durante la temporada de las condiciones meteorológicas, puedo tener más o menos certeza de dónde puedo encontrar una actividad para realizar. En base a la observación y a la experiencia, se puede intuir mucho dónde va a haber condiciones para practicar el alpinismo invernal. Hay que ser observador en montaña. Lo considero una parte muy importante.

K: Entre otras marcas de material que colaboran contigo, está Julbo. ¿Cómo ha sido tu relación con el mundo de los patrocinadores? Hoy en día, las relaciones comerciales con los deportistas son muy diferentes a lo que eran hace 15 años a causa de las redes sociales.

M: En el mundo de la montaña, con que nos den algo de material ya nos podemos dar por satisfechos. Para que una marca te de dinero tienes que ser realmente un crack o vender muy bien. Es un mundo que tiene sus límites. Yo no me puedo quejar de las colaboraciones que tengo. Llevo muchos años con Millet, Julbo y ahora también con Fixe.

 

 

 

K: Para terminar… Después de toda una vida viajando por el mundo a escalar montañas y muchos años dedicados al alpinismo, ¿qué es lo que nos llama para ir a la montaña a buscar nuestros límites y que nuestra mente dibuje esas líneas por donde creemos que podremos subir?

M: No le encuentro tampoco una respuesta muy clara a qué es lo que nos llama de la montaña. Estoy en casa ahora e investigo sobre ciertos montes de Himalaya o Karakórum. Rebusco en fotos mías, en libros, imagino líneas, posibles ascensiones… Y no sé muy bien por qué. Será ese deseo de querer seguir viviendo aventuras, de enfrentarte a lo desconocido e ir descubriendo sitios que te has imaginado. Soñar que vas a hacer un viaje es para mí tan importante como el propio viaje. Yo sigo en esa línea, con mis sueños, mis proyectos, explorando. Hacer un viaje de exploración es muy costoso, pero ojalá pudiera hacerlo. Sólo ir a ver y observar sitios para después volver con más certidumbre. Disfruto de esa inquietud y del deseo de seguir viviendo aventuras.

K: Esos deseos son los que nos mueven. Un placer hablar contigo, Mikel. Que sigamos viviendo aventuras durante mucho tiempo.

M: Igualmente, Álex.

Mikel mantiene muy vivo el espíritu del alpinismo clásico sin quedarse atascado en el pasado. Tras muchos años de viajes, alegrías y frustraciones, sigue con la misma motivación de un recién iniciado en el mundo de la montaña. No deja de soñar y buscar escaladas y actividades que le hagan vivir aventuras y le exijan manejarse en el mundo de la incertidumbre. Sus palabras transmiten experiencia y templanza, denotan el arte perfeccionado de tomar la decisión correcta en el momento preciso. Al fin y a al cabo, eso es el alpinismo: soñar, leer, observar, decidir y actuar.

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