Leire Martínez

Leire Martínez. El influjo del Monte Serantes

 

Texto: Kissthemountain

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ay personas por las que sientes cierta afinidad incluso antes de conocerlas personalmente. Es lo que me ocurría con la protagonista de estas líneas cuando daba sus primeros pasos en el mundo de las carreras de montaña no hace tanto tiempo. Recuerdo coincidir con ella en una lejana Ultra del Montseny en 2015. Era la prueba que abría la Copa de España FEDME de aquella temporada. En la línea de salida la reconocí. Ella había comenzado a obtener buenos resultados en competiciones importantes el año anterior, haciéndose con podios en la G2H Ehunmilak, en el Desafío de Cantabria o en la Apuko Long Trail. En aquella ocasión no hablamos. Creo que no fue hasta la cita de Penyagolosa de 2017 cuando por primera vez saludé a la corredora de la selección de Euskadi, miembro del equipo Sport HG y patrocinada por 226ERS. Ya habíamos hablado anteriormente por teléfono, pero ésta fue la primera vez que lo hacíamos cara a cara. Acababa de hacerse con la tercera posición de una CSP muy disputada. Su rostro reflejaba el enorme esfuerzo que había realizado. La acompañaba su pareja, Eneko. Algo que no era casualidad, ya que para ella, su familia es el principal pilar con el que se cimienta su carrera deportiva como nos comentaba en una conversación que mantuvimos recientemente: “Sin ellos no podría hacer esto. Tengo la suerte de estar rodeada de gente que me entiende. No es sólo Eneko, mi pareja, que me ayuda en todas las carreras, sino también mis hijos a los que les encanta venir a verme y constantemente me preguntan cuándo es la siguiente competición. Siento que somos un equipo. Cuando atravieso momentos malos en carrera, encuentro mucha fuerza al pensar que me estarán esperando en el siguiente avituallamiento. Una mirada a Eneko es suficiente para decirle cómo me siento y lo que necesito. Mis críos me cantan incluso los tiempos y me preparan lo que necesito. Al final, compartir todo con ellos es algo que me da muchísima fuerza”

 

 

Pero antes de seguir por este sendero de su vida, me gustaría contaros los primeros recuerdos que Leire tiene de la montaña. Al preguntarle sobre esta cuestión, ella no duda en ningún momento y mientras me habla parece estar haciendo un viaje al pasado para, de la mano de su padre, subir al punto más elevado de las montañas de Santurtzi, su localidad. “He crecido en un pequeño pueblo pesquero donde hay una montaña, el Serantes, de 460 metros. Me acuerdo que mi aita, de chiquitina, para que subiese al monte me engañaba diciéndome que íbamos a ver a Bambi. Hoy en día son precisamente por los senderos que ando y entreno. El otro día, mientras corría por aquí, me dio un escalofrío al pensar en esto. Hay una zona que a mi aita siempre le ha gustado muchísimo y que hoy en día es también mi preferida. Él sigue subiendo todos los días al monte, ahora que está jubilado, y me lo encuentro habitualmente cuando entreno». ¿Quién le iba a decir a Leire que aquellos paseos con su padre se estaban convirtiendo en el germen de un gran amor por la montaña que la ha llevado a convertirse en uno de los principales nombres en el panorama nacional de las carreras de larga distancia en montaña?

 

Leire Martínez

 

“Comencé a correr hace unos seis años. Fue casi por necesidad. Sufría problemas de ansiedad. Acababa de tener a mi segundo hijo y en poco tiempo había dejado de lado la montaña y muchas otras cosas que me llenaban. El médico me recomendó hacer deporte. Empecé a correr 20 minutitos por asfalto. Para mí era un mundo. Hacía lo que podía. Un día me propusieron correr una carrera de ocho kilómetros. Me gustó mucho. Ese mismo año, en octubre, fue mi primera carrera de montaña, en mi pueblo, de doce kilómetros. Carlos Vallecas, un amigo que aprecio mucho, me enseñó el recorrido. Me salió bastante bien. En poco tiempo estaba corriendo mi primera ultra. Todo ocurrió muy rápido, en prácticamente un año”. De nuevo el Serantes, la montaña a la que iba de joven con su padre, salía al encuentro de Leire por partida doble. Primero, para ayudarle a superar aquellos problemas del pasado, y después para empezar a generarle esa adicción que es para muchos el correr por la montaña, pero quizás de una forma más intensa en Leire, ya que en prácticamente un año estaba haciéndose con grandes resultados por todo el territorio nacional. Y todo ello, a base de un gran esfuerzo, porque como Leire nos cuenta, ella no tiene un don especial para correr, sino que es su gran  determinación la que prácticamente cada día le lleva a los senderos del Serantes a prepararse para sus nuevos retos. Nos cuenta, entre risas, que casi todos los jubilados del pueblo la conocen y animan cuando la encuentran a primera hora de la mañana comenzando entrenamientos que en muchas ocasiones terminan seis o siete horas más tarde y por los que le preguntan de nuevo esas mismas personas que encontró al alba, cuando Leire vuelve al mediodía a casa y ellos están tomando el aperitivo en algún bar de Santurtzi. Sentirse querida en su pueblo también le da mucha fuerza a Leire.

 

 

Ya intuía esa gran fuerza de voluntad de Leire. Todo lo que ha conseguido ha sido gracias a un gran sacrificio para ganar tiempo a una vida que transcurre entre el trabajo en una tienda de ropa, las actividades extraescolares con sus hijos y su vida en pareja. “Si algo tengo claro es que soy muy exigente conmigo misma. Entreno todo lo que puedo. Soy consciente de que lo primero es mi familia y el trabajo que es lo que me da de comer, pero sí que es verdad, que en los entrenamientos soy súper exigente. Yo no nací con cualidades especiales. Lo que he conseguido es porque me lo he trabajado mucho. A pesar de tener una mala semana en el trabajo, no fallo. Me sacrifico muchísimo. Hay gente que nace con cualidades y otros que nos lo tenemos que currar. Juanmi, el año pasado como mucho fallé en el entrenamiento tres o cuatro veces”. Seguro que si le preguntásemos a Jokin Lizeaga, su entrenador, por esta cuestión, esbozaría una pequeña sonrisa que delataría una gran admiración por Leire. La misma que ella siente por él, a quien considera otro pilar de su carrera deportiva y mucho más que un entrenador: un amigo al que agradecerle de por vida todo lo que ha hecho por ella. Hablo diariamente con él. Le quiero un montón. En Jokin encuentro el mismo apoyo que en mi familia. A raíz de este deporte hemos creado un vínculo que va mucho más allá de la amistad”. Son los valores que generan la montaña y este deporte, y de los que Leire es plenamente consciente. Le hacen sentirse una persona afortunada. De alguna forma, el Serantes vuelve a abrazarla poniendo en su vida a gente que le lleva por el sendero de la felicidad.

 

 

“Mañana sábado me levanto a las cinco de la mañana para poder terminar el entrenamiento antes de un torneo de mi crío. Tengo cuatro horas y encima con series”. Leire está construyendo su temporada que comenzará en pocos días con Tenerife Bluetrail y terminará en Ultra Pirineu pasando antes por la CCC de Ultra Trail du Mont-Blanc y el Desafío de Somiedo con la selección de Euskadi, a la que vuelve con muchísima ilusión. Para ello vuelve a contar con el apoyo de los productos de la marca 226ERS que ya hace algunos años vio en Leire a una persona con unos grandes valores tal y como demuestran estas palabras: “Lucharé por estar a buen nivel competitivo el tiempo que pueda. Cuando ya no sea así, seguiré vinculada a este deporte ayudando y trasmitiendo a los más jóvenes todo lo que he aprendido”. Y esto no es poco. Creo que muchos podríamos tomar como ejemplo la manera en la que Leire gestiona las pruebas de larga distancia. “Nunca salgo a mirar la carrera de los demás, sino a hacer la mía buscando mi mayor rendimiento. Si saliese detrás de la primera o de la segunda, me equivocaría y probablemente no llegaría a meta. Hago mi carrera desde el principio. Si el trabajo finalmente sale y no surge ningún problema, sé que tendré buen rendimiento. Para mí lo importante es terminar sabiendo que  he dado todo lo  que he podido. Mi punto fuerte es la cabeza. Soy muy fuerte en este aspecto. Ante un momento de bajón siempre pienso en todo el sacrificio que he hecho para llegar a ese momento. A veces no salen las cosas, pero cuánta gente no está ahí por una lesión u otros problemas… Somos unos privilegiados. Así que cuando vienen los problemas en competición, intento darle la vuelta a la situación y seguir. Lloro también y sufro, pero el respeto hacia el trabajo hecho y el sacrificio mío y el de muchos me puede”. Puede que Leire no haya pensado en esto, pero creo que en esos momentos de debilidad, el espíritu del Serantes acude a ella para ayudarla.

 

 

La conversación con Leire se alarga y toma distintos caminos. Podría haber elegido otro extracto de la misma, pero me gustaría terminar con estas palabras: “Recuerdo en la Travesera un momento muy especial durante el amanecer. Tenía el Urriellu a mi izquierda iluminado por una luz mágica que lo volvía anaranjado. Nunca había visto algo así. Tengo muy vivo el recuerdo del escalofrío que recorrió mi cuerpo. Me sentí una privilegiada, la reina del mundo. En distancias largas se viven instantes muy intensos y de desconexión que te hacen sentir muy especial. Llevas horas y aún te quedan muchas más, pero es ese segundo de plenitud que te aportan las ultras. También se viven estos momentos en carreras más cortas, aunque de una manera diferente. Recuerdo en una Negu Trail en la que que iba corriendo muy rápido por un sendero mientras nevaba muchísimo. Me sentía fuerte y grande. Estas sensaciones también se viven en los entrenamientos. El otro día estaba muy emotiva mientras corría por el Serantes. Me puse la canción de UTMB y durante el tiempo que duró fui la persona más feliz del mundo”. De nuevo el Serantes…

 

 

 

 

 

 

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