Luis Alfonso Félix

Luis Alfonso Félix. Vivir al máximo

A  

pesar de todas las dificultades que la vida ha puesto en su camino, Luis Alfonso Félix desprende energía en cada una de sus palabras. Nos cuenta que llegó al mundo de la escalada “derrapando y quemando rueda” y que así se quiere ir. Da gusto encontrar a gente con el positivismo que en él rebosa. Historia de la escalada. Sus amigos y compañeros destacan a dónde ha llegado y los pasos que le quedan por dar, sin dedicarse al 100% a un deporte que para él, y más que en ningún otro, es una pasión.

 

Texto: Kissthemountain

Kissthemountaim: He estado hablando con gente cercana a ti, sobre todo con Javipec y Cris, de La Sportiva, y todos coinciden en que eres parte de la historia de la escalada de este país. Llevas más de 30 años practicando este deporte.

Luis Alfonso Félix: De alguna manera, así lo veo. Me considero una especie de eslabón entre la generación precursora de esto y la actual, con una concepción más deportiva de la escalada. Yo también tengo este último enfoque, pero con una filosofía más de los noventa.

K: ¿Conoces a Javi Morales [También de La Sportiva Climbing Team] desde hace mucho tiempo?

L: Sí, lo conocí a comienzos de los noventa.

K: Hicimos un artículo muy bonito sobre él.

L: Muy chulo, Juanmi. Yo colaboré. ¿No te acuerdas? Quedó muy diferente. Me sorprendió el enfoque que le disteis, mucho más humano y plástico.

K: Muchas gracias. ¿Sabes lo que también me decían de ti Javipec y Cris? Que probablemente lo más reseñable sea que a pesar de no ser una persona que se dedique exclusivamente a esto por tu trabajo y familia, tus logros indicarían lo contrario. Buscas tiempo de donde no lo hay, ¿verdad?

L: Tuve que empezar a trabajar pronto y mi filosofía ha sido diferente. No me ha gustado que me encasillasen como a un deportista que se gana la vida con esto. Es mi forma de entender la escalada. Nunca he buscado un reconocimiento económico más allá del deporte. Si tuviese 17 o 18 años ahora, y tal y como está el panorama en la actualidad, ¿por qué no? Pero en aquellos tiempos, vivir de esto era impensable.

K: Era otra época…

L: Claro. Ahora tengo mi rutina de vida y no está la cosa como para tontear. Llevo mucho tiempo con mi trabajo. Me permite hacer lo que quiero. No me importa no estar los siete días de la semana en el monte. De hecho, no creo que me gustase. Mi trabajo deja llevar la vida que quiero. Tengo un rocódromo para entrenar y el fin de semana para ir a roca. Con esto me sobra. Me gusta hacer vías difíciles y con el poco o mucho tiempo que le dedico, tengo suficiente.

K: ¿En qué trabajas?

L: Estoy en una empresa de ingeniería de fabricación de productos de LED.

K: ¿Trabajas tus ocho horas al día?

L: Sí, de seis de la mañana a dos de la tarde, cerca de casa y con poco desgaste físico. De lunes a jueves entreno, el viernes suelo descansar y aprovechamos para viajar a donde sea que haya roca, y el fin de semana escalo. Soy un escalador de festivos, vacaciones y fines de semana. Vivir en Toledo es lo que me permite.

 

 

K: Me da la impresión de que eres muy metódico con el entrenamiento. ¿Estoy en lo cierto?

L: Totalmente. Eso también me define como persona. Soy muy cuadriculado tanto con el entrenamiento como con mi vida personal y laboral. Me gusta tener un control muy exhaustivo, casi enfermizo, para poder estar a gusto y desarrollarme. Me cuesta salir de ese control. No hubiese llegado a donde estoy si no me hubiera dedicado a entrenar muy duro.

K: Y Geles, tu mujer, te acompaña.

L: Ahora lleva una mala racha de lesiones. Siempre hizo judo y tuvo una lesión grave en las rodillas. Tiene muchas cualidades, pero lleva un tiempo parada. Ahora está con el hombro… Es mi compañera de escalada y de vida. La admiro muchísimo.

K: Y te sigue a todos lados…

L: Sí, su apoyo es total. De ella y de toda mi familia. Son un pilar básico de mis éxitos. Hubiese sido muy difícil sin su ayuda. Su energía es fundamental para mí.

K: ¿Cuáles son tus primeros recuerdos de la escalada?

L: Empecé a escalar por, entre comillas, prescripción médica. Tuve una infancia difícil. Mi madre murió joven y mi padre se desentendió por una serie de problemas que teníamos. Me fui a vivir con mis tíos. Como todo niño perdido por la edad y por las circunstancias, con ocho o nueve años no apuntaba maneras formales. Era un poco golfo. [Risas]. Me recomendaron, a través de mi tío que era montañero y de su hermano que escalaba, que fuera con él a probar. Había que apartarse de las amistades del barrio. Ya la primera vez que fui me gustó mucho. Conocí gente que todavía conservo como amigos. Poco a poco me fui metiendo. También compañeros de clase que tenían hermanos que escalaban. Te vas introduciendo y… Tengo recuerdos de escalar en Toledo en una escuela pequeñita. No había eso de ir todos los fines de semana sino cuando se podía. Te hablo de los 11 a los 13 años. A partir de esa edad ya sí empezaba a coger el tren o “hacer dedo” para ir a Cuenca y a otros sitios. Desde que empecé, no lo he dejado.

 

 

K: Yo apunté a mis hijos a escalar el año pasado. Uno de ellos, Miguel, sigue un poco. ¿Sabes una cosa? Lo veo como algo más sano… Yo quiero que mi hijo viva la vida y se tome sus cervezas y copas, pero prefiero que sea en un ambiente más natural como el monte.

L: Eso es lo que prefieres tú, pero ¿qué prefiere él? Tenemos que romper con ese control hacia nuestros hijos. Lo que hay que hacer es hablar con ellos las cosas claras. A Gorka, el mío, le explicamos todos los pros y los contras de las acciones que va a cometer…

K: Pero el mundo de la escalada… Si te engancha bien, va a hacer que el tiempo libre que tengas o incluso el poco dinero del que dispongas, lo dediques a esto. Es como poner ciertos cimientos…

L: Pero cada persona es un mundo. Cuando empezábamos, el dinero que había era para coger el tren para ir a escalar o ni siquiera eso. Para cervezas… Nos daba igual el tren, el material o la ropa. Quizás ahora los jóvenes se motiven más por comprar un pantalón o material. Depende de la personalidad de cada uno. Lo que no es sano, en contrapartida, es que un niño con trece años sólo esté pensando en escalar, en competir o en ser el mejor. Eso está abocado al fracaso y ejemplos no me faltan. Un niño tiene que ser niño y un adolescente tiene que ser adolescente con todas las de la ley y con todo lo que le preocupe, sea escalar o sean las chicas y salir por la noche. Si uno quiere ser escalador lo será, y si no, por mucho que se lo intentes meter, no.

K: Siguiendo un poco en orden cronológico… ¿Llega un momento en el que algo hace clic en tu cabeza y esta afición se convierte de una diversión a algo que te quieres tomar más en serio? ¿Reconoces ese momento?

 

“De joven todo es un derroche animal por las hormonas y la capacidad física, pero con el tiempo te haces inteligente y eficiente. Quizás no tenga ese pico de fuerza, pero sí una experiencia y un saber hacer que me han dado los años que me hace optimizar todo mucho más”.

 

L: Así tan claro, no. Para mí ha sido como un no parar. Lo vivo ahora intensamente y lo vivía de esa manera de pequeño. Me daba igual que se me diese bien o mal. A mí lo que me gustaba era hacer el cafre por las vías. Antes sí que había más dispersión. Llegábamos a todas las disciplinas. Nos daba igual ir a Gredos, a a la nieve, hacer puenting o tirarnos con la bici por ahí… Buscábamos la adrenalina. Luego sí te centras, quizás a partir de los 16. Las primeras competiciones…, pero no porque se me diese mejor o peor, sino simplemente te dejas llevar.

K: ¿En qué momento empiezas a tomar cierta disciplina de entrenamientos? Quizás con tu entrenadora Eva López…

L: Siempre me ha llamado la atención el entrenamiento por mi carácter obsesivamente orientado al control. Ya antes de entrenar con Eva, en el plafón hacíamos lo primero que se nos venía a la cabeza, pero organizado. Pirámide de movimientos y otras cosas… Si no era así es que incluso me aburría. Desde que hemos tenido acceso a rocódromos, pues antes no había, los hemos usado como un medio más que como un fin, para desarrollar unas carencias o deficiencias. Luego aparece Eva que ha sido mi entrenadora hasta hace muy poco. Ahora ella tiene otros objetivos. Yo siempre le apoyaré. Es una persona a la que aprecio bastante.

K: ¿Cómo recuerdas la competición internacional?

L: Estuve en el equipo nacional, si no recuerdo mal, de 2002 a 2005. Hubo un momento muy bueno con un grupo de chicos de mi misma edad con el que me sentía muy cómodo. Era muy motivante. ¿La experiencia? Siempre lo he tomado como un regalo ya que no me considero un fuera de serie. Fue una experiencia muy positiva en la que ni tan siquiera me sentía presionado. Era como un regalo. Los resultados eran los que eran. Unas veces mejor y otras peor. Estar en la selección es algo que siempre gusta.

 

K: Aparte de la selección, tienes varios novenos, un 9a+… ¿De qué te sientes más orgulloso? Alguna vía en concreto o una actitud…

L: Me siento orgulloso no sólo por el hecho de haber vencido un grado o alguna vía en particular, sino por haberme sobrepuesto a las dificultades que a priori me ha dado la vía, la que sea. La última que he hecho, Zurito [8c+/9a], ha sido muy peculiar porque lo tenía todo en contra. Hemos tenido problemas en el sector por una mala interpretación de la normativa por parte de la propiedad, dos meses de lluvia, en la última ocasión creció tanto el río que no podía ni pasar… Estas pequeñas batallas son las que más satisfacción me dan. No el hecho en sí de hacerlo que es algo efímero. Según estaba terminando la vía ya estaba pensando en la siguiente. Me siento orgulloso de la evolución y de lo que el camino te va enseñando para vencer etapas. ¿Quedarme con alguna en concreto? Pues quizás la que más me supuso a nivel psicológico fue Black Block [9a+]. La equipamos Geles y yo. Vimos una línea que podía encajar bastante bien, no pensando en el grado sino en romper la dinámica que había en cuenca de vías talladas y arregladas para su ascensión. Cuando pruebas una vía que nadie ha subido, no sabes si la puedes hacer. Sólo queda seguir trabajando hasta que la haces. El hecho significativo no es hacerla, que también, sino todo el trabajo físico y psicológico de despejar dudas durante todo el proceso.

 

K: Me hablas del reto que implica superar una vía en concreto… ¿Escalar a vista qué supone para ti? Me decía Ander Lasagabaster que, aunque él prepara muy bien sus proyectos, cuando va de vacaciones le gusta esta forma de escalar sin grandes presiones…

L: La presión es la que tú te quieras marcar. Puedes escalar a vista en tu grado máximo o en grado confort. Siempre que vamos a sitios nuevos, me gusta practicar esta forma de escalar. Es muy gratificante, pero por escaso tiempo y porque viajo poco, tampoco es algo a lo que me obligue.

K: Me dicen que incluso coges tus vacaciones en septiembre u octubre por haber un clima más agradable para escalar.

L: Cada vez menos por el tema de los niños y el colegio, pero sí que teníamos muy en cuenta disfrutar de vacaciones enfocadas a la escalada. Esto está cambiando. No se puede condicionar tanto a la familia. Este año preparamos otro tipo de vacaciones. Si se escala bien, si no, pues ya se hará. Es una evolución. No se puede estar todo el día pensando en lo mismo.

 

“No sé cómo se me recordará, pero sí sé cómo me gustaría: sin pena. Llegó derrapando y gastando ruedas y se ha ido peor que como vino. Ha exprimido el máximo, ha hecho lo que ha querido, se ha reído y vivido con todo. Que mi madre se muriese tan joven no es motivo para tirarse de los pelos y amargarse.”.

 

K: Me da la impresión de que eres muy cabal en esto. En este número también hacemos una chara con un grandísimo corredor de motaña, Tòfol Castanyer. Él cumple 46 ahora y le preguntamos que hasta cuándo. Me decía que mientras él se levantase por las mañanas con ganas de seguir corriendo y compitiendo al primer nivel, seguiría, y que cuando perdiese las ganas, lo dejaría totalmente, de golpe. ¿Cómo andas de motivación? ¿Dónde la encuentras?

L: No sé de donde viene la motivación. Si es por hábito o disfrute… No sé por qué escalo ni me lo planteo, pero sé las sensaciones que me da escalar. Me gusta alcanzar ese punto de concentración que me da la roca. Me ayuda a evadirme de los problemas diarios… Yo creo que escalaré siempre, pero sí que es verdad que cada vez veo que me cuesta más recuperar y que la energía mengua con los años. De alguna manera, a no ser que pase alguna desgracia, puedo decir que voy a escalar siempre, aunque asumo que la intensidad será menor. No lo dejaré de un día a otro. Escalador seré toda la vida.

K: Te sientes ahora mismo igual de motivado que hace diez años…

L: O más. Hace un par de noches estaba repasando mentalmente los movimientos de la última vía. Estaba deseando que llegase el fin de semana. Cuando tengo una vía a punto me pongo nervioso el día anterior. Todavía tengo el gusanillo que me hace decir cómo mola esto. Incluso me gusta que se complique. La dificultad me motiva mucho.

K: Si te acuestas por la noche y visualizas los movimientos es que estás muy enganchado.

L: ¡Ya te digo! A nivel de energía puede que tenga menos, pero apenas lo noto. Es como cuando tenía 18 años.

K: De eso quería hablar contigo. Me decías que quizás te cueste un poco recurperar.  ¿Crees que escalas al mismo nivel, no ya de motivación, sino de técnica, fuerza… que hace diez años? ¿O has notado que, hostia, esa vía que conseguiste hacer, ya no podrías…?

L: ¿Tú que edad tienes, Juanmi?

K: 44 años

L: Entonces sabes lo que es un Renault Copa Turbo, ¿no?

K: Sí [Risas].

L: Pues cuando eres joven eres un Copa Turbo y ahora un Audi A6. ¿Ves la diferencia? Ahora optimizo más lo que tengo sin dejar de ser una cosa potente. El Copa Turbo no tenía cerebro, sólo power y para adelante. En las curvas me salía. De joven todo es un derroche animal por las hormonas y la capacidad física, pero con el tiempo te haces inteligente y eficiente. Quizás no tenga ese pico de fuerza, pero sí una experiencia y un saber hacer que me han dado los años que me hace optimizar todo mucho más. Si hubiese tenido estas capacidades con 16 años, pues no te digo nada… Evolucionas en ese aspecto. Mengua la fuerza, pero no la resistencia. Hay estudios que dicen que puedes incluso incrementarla. También la fuerza, aunque a priori, ésta baja. Te conoces mejor, sabes los tiempos de reposo que necesitas, no haces tanto el animal con lo que baja el riesgo de lesión…

 

K: Y pones de tu parte respetando los descansos, la nutrición…

L: Sí, claro. Y las horas de sueño, las cargas… Todo. [Risas].

K: No eres profesional pero entrenas y te cuidas como un profesional.

L: Por supuesto. Quizás lo único que me diferencia de un profesional es no tener un psicólogo deportivo y un fisioterapeuta para mí solo. Todo lo demás está enfocado a buscar el  máximo rendimiento.

K: ¿Te ves intentando hacer 9b, por ejemplo?

L: Claro que sí, Juanmi. De hecho la vía que quiero hacer ahora, mi siguiente objetivo, quizás sea la más dura de mi vida. No lo sé, porque está por hacer. Puede ser 9b y sería un paso más en mi carrera. ¿Por qué no? Siempre que la vía me venga bien teniendo en cuenta mis circunstancias, ¿por qué no voy a hacerlo? Vías como Chilam Balam [9b] u otras largas que requieran otras características que se adecuen a mis recursos técnicos y físicos…

 

K: Esta vía que tienes en mente es la variante original a Zurito, Zure Taupadak, Gure Bultzada. Se te complica en los primeros pasos, ¿no?

L: Tiene una entrada muy dura, precisamente por la filosofía que te contaba de intentar hacerlo de la forma más natural posible. Son alrededor de cuatro seguros que deben de ser como 8b+ de bloque. Eso es durísimo. Había estado probando toda la parte de arriba. Geles me habló de equipar esta variante que entra por la vía de al lado, Alpinismo Deportivo, y así evitar esa parte tan dura de abajo. Es como una entrada digamos “fácil”. Así lo hicimos. Esa es Zurito. Pero lo interesante está en la Zure Taupadak, Gure Bultzada, que es la línea original.

K: ¿Qué te falta para hacerla?

L: Me falta entrenamiento y, sobre todo, creérmelo. Ahora empiezo a pensar que puede hacerse. Es lo que te he explicado antes. Cuando nadie ha subido por ahí, te hace pensar si es o no posible. Al final las cosas van saliendo, Juanmi. Si sigues estudiando la vía y buscando movimientos, se consigue. Es muy dura al principio, pero cada vez va costando menos y le vas ganando psicológicamente a la vía. Ahora empezaré a probar los cuatro primeros seguros. Seguro que lo que me falta es fuerza de dedos. La parte de arriba ya está hecha. Voy a exprimirme con esos cuatro seguros y…

K: Eso nos decía Adam Ondra, que es fundamental creértelo, saber que es posible…

L: Hay que romper esa barrera psicológica. Pasó con el 8a y el noveno grado. Y ahora, alguien que se lo curre hace 9a. Aunque tiene un límite. Por mucho que yo me crea que puedo hacer 9c, pues probablemente no sea posible.

 

K: Zure Taupadak, Gure Bultzada tiene un componente emocional muy fuerte por Mikel Ziarrusta [Escalador vasco amigo de Luis Alfonso Félix que falleció en 2012]. Habrás contado muchas veces la historia, pero ¿puedo pedirte que nos cuentes qué él suponía para ti?

L: Era un tío especial, un chico con el que compartí mucho. Éramos amigos desde hacía tiempo. El típico chico que sabes que tiene una energía especial que te llena. Siempre con una sonrisa y buenas palabras, nunca se enfadaba, aparte de ser un escalador fuera de serie y muy resolutivo. Pasó lo que pasó y me pilló equipando esta vía… Será un homenaje de alguna manera. Supondrá devolver el equilibrio. Estará presente en cada movimiento y en todos los días de mi vida. Él es parte de esta vía. Su encadene será para él.

K: La tienes que conseguir…

L: Sinceramente Juanmi, ahora mismo no tendría sentido el tiempo que llevo escalando, desde 1989, si no lo logro. Sería una carrera inconclusa. Así de sencillo, de transcendental o de idiota.

K: ¿Puede ser la respuesta a una de las preguntas que vi que te hacían en una entrevista hace tiempo? Te preguntaban qué era lo que creías que la gente esperaba de ti, y tu respondías diciendo qué lo importante era qué esperabas tú de ti mismo.

L: lo que busco es reestablecer el equilibrio. Pienso que si de alguna manera soy capaz de equipar y hacer esa vía supondrá algo para mí mismo, para esta escuela y para la escalada en general. No sé…, revertirá la inversión de tiempo y dedicación de toda mi carrera. Además, hará que algo que nace de lo trágico, quede para siempre ahí. Poco tiene que ver con el deporte, pero para mí es todo.

K: ¿Cómo crees que se recordará a Luis Alfonso Félix cuando dejes de escalar? ¿En qué crees que eres especial?

L: No creo que tenga nada especial por lo que se me recuerde cuando ya no esté. No sé cómo se me recordará, pero sí sé cómo me gustaría: sin pena. Llegó derrapando y gastando ruedas y se ha ido peor que como vino. Ha exprimido el máximo, ha hecho lo que ha querido, se ha reído y vivido con todo. Que mi madre se muriese tan joven no es motivo para tirarse de los pelos y amargarse. Vamos a aprovechar esta vida que se va. Hay que hacer lo que se pueda para intentar estar bien y aprovechar todo el máximo. Con que no se me considere como un pobrecito, estará bien. Ha aprovechado la vida a pesar de tener todo en contra. Le echó huevos y tiró para adelante. Que no se pongan a llorar.

K: ¿Cómo es tu relación con  La Sportiva y Ternua?

L: Son emociones humanas. Son amigos. No tengo otras pretensiones. Me gusta mucho el hecho de que cuando se piense en un escalador se vincule a una marca. Es algo que gratifica mucho. No cambiaría nunca esta relación aunque me ofreciesen mucho más. Si no siguiésemos juntos tendría que ser por una ruptura unilateral de su parte. Valoro más su amistad que lo material o económico. También la motivación que me dan.

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