Dolomites

Dolomitas. Cara a cara con el vértigo.

 

Texto: Kissthemountain 

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a naturaleza es en ocasiones caprichosa. Este rasgo del carácter que por norma general no gusta en el ser humano, puede convertirse en algo extraordinariamente bello cuando hablamos de la montaña y de sus formas y perfiles.

Las Dolomitas son una cadena montañosa situada en el nordeste de Italia, en los llamados Alpes Orientales, donde las montañas se encuentran con la llanura del Po y el mar Adriático. Este macizo montañoso se halla geográficamente entre las regiones de Trentino-Alto Adigio y el Véneto, ocupando cinco provincias: Trento, Bolzano, Belluno, Udine y Pordenone.

En el año 2009, las Dolomitas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Son más de 230.000 hectáreas las protegidas, albergando un parque nacional y varios parques naturales y regionales.

Las dolomías son rocas calizas de origen marino que se visten de color rosáceo al amanecer y al ocaso del día, y que prestan su nombre a esta cordillera que antes era conocida como las montañas pálidas, Monti Pallidi.

La acción erosiva de la naturaleza confiere a sus montañas el aspecto de brutales paredes de roca que invitan a encontrarse cara a cara con el vértigo. Allí las llaman ghiaioni y suponen un reto al que pocos escaladores saben resistirse. El macizo de la Marmolada o Regina delle Dolomiti, con el glaciar más extenso de toda esta zona, es el que más alto se eleva: 3.342 metros sobre el nivel del mar. Pero no es la única montaña que supera la cifra mágica de los 3.000 metros: Antelao (3.263 metros), Tofane (3.244 metros), Sassolungo (3.181 metros), Pelmo (3.169 metros) o Tre Cime di Lavaredo (3.002 metros) constituyen una imponente guardia para la Regina delle Dolomiti.

 

La belleza de estos impresionantes macizos llenos de grietas, torres o agujas, queda aún más resaltada si cabe al elevarse directamente desde valles verdes oníricos. El contraste entre este verde cubierto de bosques y prados y las numerosas paredes de roca recortada y de relieves variados que se elevan verticalmente, aisladas unas de otras, durante cientos de metros, confiere a las Dolomitas unas características únicas en el conjunto de los Alpes.

Son numerosas las localidades en las que sus habitantes, durante la puesta de sol, charlan en sus plazas en una lengua retorromance llamada ladino mientras observan cómo sus imponentes montañas cambian de color con el avance del sol. Cortina d’Ampezzo, Auronzo di Cadore, Cadore, Ortisei, Arabba, Selva di Val Gardena, Madonna de Campiglio, San Martino de Castrozza, Canazei (sede de la mítica prueba Dolomites Skyrace), Vigo di Fassa o Moena son poblaciones ricas en historia y tradición que viven al amparo del turismo. Sus gentes comparten con los visitantes ocasionales de estos aislados pueblos, el magnífico espectáculo de ver las impresionantes montañas llamar a las puertas del cielo.

Pero no sólo son las personas quienes disfrutan de este espectáculo. Desde bosques y valles encantados, ríos y riachuelos, madrigueras, nidos, grutas naturales y por supuesto desde el aire, rebecos, ciervos, muflones, corzos, marmotas, comadrejas, salamandras, tritones alpinos, azores, cernícalos, águilas, búhos perdices, abubillas o cárabos, también observan orgullosos la cordillera donde la suerte les ha hecho nacer.

 

Los Alpes Dolomitas son perfectos para la práctica deportiva. Esquiadores, escaladores, senderistas, ciclistas y también corredores de montaña, encontrarán en sus laderas, vías ferratas, veredas, pistas y caminos, unos compañeros excelentes para el disfrute de todos los sentidos.

Siendo aficionado a las carreras de montaña, seguro que alguna vez has sido seducido, ya sea a través de una fotografía o de un vídeo, por las imágenes de las famosas “zetas” que conducen a Forcella Pordoi en la antológica prueba italiana de 22 kilómetros Dolomites Skyrace. Ascender en solitario por su trazado que parece esculpido en tierra y roca, una tarde en la que el sol está diciendo adiós al día, y cerrar los ojos para imaginar a una muchedumbre exaltada animándote desde arriba, puede ser una experiencia sublime.

Si estás enamorado de la montaña, algún día tienes que ir a las Dolomitas y dejarte cortejar.

 

La gran ruta de Las Dolomitas.

Son sólo 110 kilómetros por carretera los que separan Bolzano de Cortina d’Ampezzo. Es posible atravesar las Dolomitas de oeste a este en vehículo a motor en pocas horas, aunque quizás lo más recomendable sea tomarse un tiempo y convertir este viaje en una experiencia única. Disfrutar de sus pueblos y saborear sus costumbres es algo que difícilmente caerá en el olvido.

Antes de 1909, atravesar el norte de Italia por la zona de las Dolomitas era algo realmente difícil y sólo al alcance de los más experimentados montañeros. Fue en este año cuando terminaron de unirse por carretera las dos localidades anteriormente mencionadas.

La ruta comienza en Bolzano (Bozen para los alemanes y Bulsan o Balsan en ladino), capital del Alto Adigio o Tirol del Sur y donde aproximadamente un cuarto de su población habla el idioma alemán. Es una ciudad de unos 100.000 habitantes acostumbrados a turistas aficionados al esquí que, cuando no están practicando este deporte, pueden también disfrutar del asombroso tejado con dibujos geométricos policromados de su bella catedral, o de su famoso Museo de Arqueología que alberga a la momia Ötzi encontrada en los Alpes en 1991 a unos 3.200 metros sobre el nivel del mar. En esta villa tomaremos la carretera SS41 que, atravesando cañones, gargantas y desfiladeros que siguen el cauce del río Ega, nos dejará junto al lago Carezza o Karersee. Las vistas de los picos rocosos del Rosengarten son excelentes.

 

La ruta continúa por Passo di Falzarego donde se encuentran el Castello di Andraz (Buchensetein en alemán) y el Museo della Grande Guerra. Desde allí, la gran ruta de las Dolomitas, atravesando un valle cubierto de pinos con infinidad de curvas, nos lleva hasta Cortina d’Ampezzo.

Parece que el tiempo se ha detenido en estos 110 kilómetros. El ritmo en la contemplación de sus paisajes no debe hacerlo. Eso sí, la calma y la apertura de los cinco sentidos son imprescindibles en las horas o días que decidas pasar envolviéndote de este maravilloso lugar.

Deja que el espíritu de este entorno penetre en ti. Inspira profundamente y percibe los olores de la montaña. Dirige tu mirada hacia lugares donde quizás nadie lo haya hecho antes y encuentra rincones de enorme belleza. Abraza el tronco de algún árbol que te reclame y prométele que volverás. Las Dolomitas estarán siempre esperando tu regreso.

 

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