Aroa Sío. Una historia de superación.

 

 

 

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roa Sío es sinónimo de voluntad. Corredora de montaña de Vigo, dejó atrás más de 20 años de vida sedentaria para empezar a correr y a disfrutar de la naturaleza. Aunque su infancia estuvo ligada al atletismo, abandonó el deporte durante la adolescencia y no fue hasta pasados los 35 años que la llamada de la montaña entró en su casa para no salir. Cómoda en las distancias largas, disfruta de los pequeños placeres de la naturaleza: ver amanecer en una cumbre, sentir el viento en el cuerpo u oír el crujir de las hojas en bosques otoñales. Aroa, con victorias y podios en carreras como Madeira Island Ultra-Trail, Desafío de Somiedo, Ehunmilak, Reventón Trail o 3 Días Trail Ibiza, entre muchas otras, nos ofrece hoy una charla muy agradable y motivadora en la que demuestra que querer es poder, que nunca es tarde y que la motivación mueve el mundo. Amistades, amor y energía positiva. Una preciosa historia de superación.

 

Texto: Alex Colomina | Kissthemountain. 

 

Kissthemountain: Hola Aroa. ¿Qué tal estás? ¿Cómo está siendo la vuelta a la nueva normalidad?

Aroa Sío: Hola Álex. Ahora para todos es un mundo algo extraño. Ya he vuelto al trabajo. Doy clases particulares desde hace muchos años. Mis grupos siempre han sido reducidos, con pocos alumnos, así que en ese aspecto no he notado mucho el cambio. Tengo un aula grande y hay suficiente espacio entre ellos. Las mesas son amplias y en cada una de ellas sólo se sienta un niño. Siempre lo he hecho así para que no se distraigan hablando entre ellos [Risas]. La única diferencia es trabajar con mascarilla y con gel en el aula.

K: ¿Trabajaste durante el período de confinamiento?

A: No di clases, pero sí teníamos contacto por si había que resolver dudas. El 25 de mayo volví a la carga y ahora estoy de vacaciones porque ya han entregado los trabajos y han hecho los exámenes pendientes. Tengo un par de semanas para descansar y el 1 de julio vuelvo de nuevo. Todos los veranos llevo campamentos de verano al aire libre para niños de entre 3 y 12 años. En el local de la Comunidad de Montes de Coruxo hacemos actividades variadas y pasamos mucho tiempo en la naturaleza.

K: Por lo que cuentas, son actividades de día, sin quedarse a dormir, así que con toda la situación que estamos viviendo tampoco se verán muy afectadas.

A: Así es. Tenemos horario de mañana, hasta mediodía, así que en ese aspecto muy bien. Hacemos senderismo, juegos populares, cabañas en el monte, trabajamos el reciclaje, una huerta, identificamos huellas de animales y rastros… Es muy variado, divertido y, sobre todo, hay mucho contacto con la naturaleza.

K: Que vean de dónde vivimos… En ocasiones, nos metemos en una burbuja y olvidamos que nuestro mundo es naturaleza, fauna, flora, geología… Hay mucha vida natural alrededor y nosotros estamos aquí gracias a eso. Le pasa sobre todo a la gente que vive en ciudades y sale poco de ellas.

A: Tal cual. Incluso aquí en Vigo, que está la ciudad, pero no deja de ser una zona rural. A veces te sorprenden algunas preguntas de los niños y cómo se extrañan al plantar algo y ver crecer los tomates, por ejemplo. Algunos creen que las cosas salen del supermercado y que no hay un trabajo detrás. Los llevamos por el monte y cogemos manzanas, moras… Si nos pillara el otoño, con ellos podríamos coger nueces, castañas, avellanas…

K: Llevas ya unos años corriendo en montaña. De niña practicaste atletismo, además con buenos resultados, pero luego tuviste años sedentarios hasta que volviste a coger con ganas el mundo del deporte. ¿Cómo fue esa transición? ¿Te costó tomar la decisión de volver a correr?

A: Siempre digo que me cambió la vida un simple hecho: dejar de fumar. Al hacerlo, vino todo lo demás. Yo hacía atletismo. En la pista tenía buenos tiempos, pero donde más disfrutaba era en el cross. Y mejor aún si había barro y hacía mal tiempo. Luego vino la tontería de la adolescencia y le di la espalda al deporte, empecé a fumar y a tener una vida sedentaria. Después tuve a mi hija y no hacía absolutamente nada de deporte. Atenderla, el trabajo, las tareas de casa y nada más. A los 30 años me divorcié y al año más o menos empecé a coquetear con el gimnasio, pero de manera muy irregular. Iba una semana y después faltaba tres meses. Al poco quise preparar unas oposiciones y fui a entrenar por mi cuenta para ver si pasaba los tiempos de corte. Me acuerdo de que entrenando hice el kilómetro a 3’40”. Estaba contenta, pero creía que me moría. Me faltaba el aire. Fue un impacto para mí. Me hizo reflexionar que si con 35 años me sentía así, cómo iba a estar en el futuro… Debía empezar a cuidarme si quería una vida sana. Ese fue el punto de inflexión para dejar de fumar. Después todo empezó a rodar. Lo típico al dejar el tabaco es coger peso, pero quise empezar a comer más sano. Quité el azúcar, comía más fruta e iba al gimnasio cinco días a la semana. Cuando me quise dar cuenta estaba dentro de un círculo en el que ya notaba los cambios de haber dejado de fumar. Me sentía fuerte y sana, respiraba mucho mejor, los sabores, los olores… Y decidí empezar a correr. A los dos meses de esa decisión, había una carrera de 19 kilómetros, un trail, Montes de Vigo. Yo de aquellas no tenía ni idea de lo que era una carrera de montaña. Realmente pensaba que era un cross. No sabía de desniveles positivos, negativos, ni avituallamientos.

K: ¿De qué fechas estamos hablando?

A: Dejé de fumar hace cinco años y empecé a correr hace cuatro y medio. Parece que ha pasado un mundo. ¡Cómo me ha cambiado la vida y tampoco hace tanto tiempo!

K: Cuando nos sentimos bien, pasa el tiempo volando. ¿Cómo fue tu debut en aquella carrera?

A: Llegó el día y yo pensando que era un cross [Risas].

 

 

Me acuerdo de que había dos distancias: 30K y 19K. Yo iba a la más corta. Me planto en la salida con mi reloj cronómetro Casio y mis zapatillas de asfalto. Empiezo a ver a la gente con bastones, zapatillas de tacos, chalecos… No entendía por qué iba todo el mundo vestido así. Al llegar a los cortafuegos y ver cómo la gente usaba los bastones, me di cuenta de que eran útiles. En ese momento pensaba… ¡Aroa, dónde te has metido! Como soy cabezona, no tuve problema en acabar, pero claro… Yo tenía mis cálculos de correr en llano. A la hora y media pensaba que ya estaba llegando, pero no [Risas]. Gané la carrera y entré la 13ª de la general, muy emocionada y contenta. Eso sí, durante toda la semana posterior no podía andar. Bajaba las escaleras de espaldas, levantarme del sofá era una odisea… Lo pasé fatal.

K: Creo que a todos nos pasó eso alguna vez. Las agujetas de las primeras carreras no son comparables con nada [Risas].

A: ¡Me dolía hasta respirar! Los amigos me decían que lo había hecho muy bien, que tenía mucho potencial. Querían que fuera a otra carrera y yo les decía que ni de broma, que estaban enfermos. Después estuve cinco meses a mi aire. No toqué la montaña en todo ese tiempo. Aunque me insistían mucho, iba al gimnasio y nada más. Un día les dije que sí, que me apuntaba, pero que no me agobiaran con el ritmo, que no se preocuparan por mí si querían ir más rápido. Era muy temprano, las 6.30 de la mañana. Allí conocí a Abel, mi marido. Siempre digo que fue dejar de fumar y me cambió la vida. Salí con ellos, en silencio, escuchando las pisadas, la respiración. Vimos amanecer al llegar a la zona alta… Todo fue muy mágico. Allí me enamoré de la montaña. Era febrero y quedábamos para correr dos veces al mes. Con Abel fue todo muy rápido y bonito. Enseguida estábamos viviendo juntos y casados. Una locura súper buena. Salíamos a correr juntos y pronto me puse en contacto con su entrenador para que empezara a trabajar conmigo. En aquellos momentos faltaba algo menos de un mes para la Maratón de Somiedo y yo quería ir. Me mandó hacer una carrera de 30 kilómetros que había dos semanas antes, y con esa referencia luego me planteó los tiempos de paso de la maratón. Las dudas que tenía eran sobre si podría acabar, porque nunca había afrontado una distancia tan larga.

K: La primera vez que uno se enfrenta a una distancia tiene dudas sobre cómo se dará, si se podrá acabar, si se va demasiado rápido…

A: Fue un reto que me puse y estaba muy ilusionada.

 

 

 

Las premisas para la carrera eran llevar un ritmo cómodo y evitar entrar en fatiga. Subir andando y, por encima de todo, disfrutar. Así lo hice, pero iba muy por debajo del tiempo que él me había marcado. Durante la carrera, Abel me estaba haciendo los avituallamientos y hablaba con mi entrenador. Le comentaba que parara, que me relajara, pero yo iba cómoda y muy a gusto. Al final tardé una hora menos de lo que me había propuesto. Llegué en 6 horas. Esos fueron mis inicios en todo este mundo que tanto me apasiona. A partir de ahí, empecé a entrenar asiduamente por montaña.

K: Enseguida te llamó la atención el mundo ultra. ¿Qué es lo que te gusta de afrontar largas distancias en montaña?

A: El ritmo. Me encanta ir cómoda. No me gusta sufrir ni ir con el gancho. Se me dan bien las distancias de 30 kilómetros, pero el ritmo no tiene nada que ver con un ultra. En larga distancia, tengo fondo y resistencia y voy disfrutando. Puedes contemplar y ver el paisaje que te rodea. En una carrera de 20 no ocurre nada de esto. Vas a lo que vas, a mirar el suelo. En carreras largas, por lo menos en mi caso, eso no pasa. Disfruto y puedo ir a un ritmo que me permite ver más allá de mis pies.

K: En los años que llevas corriendo has ido adquiriendo experiencia en larga distancia. ¿Cómo ha cambiado tu manera de afrontar una carrera de muchas horas? Antes tenías la duda de si podrías acabar, pero ahora ya tienes la certeza y la estrategia cambia…

A: Ahora las distancias las entreno y sé que voy a poder llegar a meta. Lo que más respeto me da en las carreras es la alimentación. Si fallas comiendo, puedes cargarte la competición y todo el tiempo de preparación que llevas a tus espaldas. Tengo un buen apoyo con la nutricionista que me prepara la estrategia para las competiciones y así me aseguro estar controlada. El entrenamiento lo llevo bien. Hago el volumen correspondiente, así que en ese aspecto me siento confiada.

K: ¿De qué manera planteas los entrenamientos? ¿Tienes opción de hacer mucho desnivel cerca de casa?

A: Ahora estoy entrenando por aquí cerca. Los Montes de Vigo son periurbanos y accesibles para mí. De la puerta de casa, salgo directamente al monte y tengo muchas hectáreas para moverme. No son muy altos, pero también tengo el mar al lado [Risas]. Estas semanas estoy primando el volumen, porque me he propuesto un reto para realizar dentro de pocos días. Voy a hacer el Camino primitivo desde Lugo hasta Santiago. Saldré del límite provincial. Van a ser 166 kilómetros y me planteo hacerlo en cuatro días. Después ya veremos…. Está todo el calendario en el aire. Intento focalizar mis objetivos en 2021, pero si todo va bien, esta temporada iré a Transvulcania y barajo correr Templiers o ir a Azores… Todo depende de la incertidumbre mundial que vivimos.

K: Está claro que ahora influyen un montón de factores externos y es difícil plantearse competiciones a medio plazo sin tener claro si se van a poder realizar o no.

A: Claro, puedo plantearme ir a una competición en noviembre o diciembre, pero no sabemos si se va a suspender.

K: Es un verano de retos. Con todos los amigos y conocidos que hablo del tema coincidimos. Muchos corredores y corredoras quieren aprovechar este tiempo para hacer rutas pendientes, que por distintas cuestiones competitivas se van dejando. Es el momento de plantear ese tipo de actividades.

A: Me motiva mucho y me gusta plantearme el Camino primitivo. En general, lo que amo es estar en contacto con la naturaleza e ir a la montaña a correr, aunque no tenga un objetivo específico. Salir, trotar y disfrutar. Oír los sonidos de la montaña, escuchar a los pájaros, ver los contrastes de colores, amaneceres y atardeceres… Todo eso me llena. No siempre tiene que haber carreras. Puede que ahora esté más tranquila, saboreando lo que me rodea sin estar tan pendiente del reloj. Con objetivos, sueles estar en plan máquina, más pendiente de cumplir entrenamientos que de disfrutar del entorno.

 

 

 

K: Estoy completamente de acuerdo contigo. ¿Cuáles son tus mejores recuerdos de las carreras hasta el día de hoy?

A: Tengo muchos, pero me quedo con el ambiente, el que hay en la montaña… Es otro estilo de vida. Dejar de fumar fue lo mejor que me pudo pasar. Conocí a la persona a la que amo, me hace feliz, estoy en un entorno impresionante haciendo deporte y llevo una vida sana y saludable. Dejé de lado la vida del consumismo y las aglomeraciones y disfruto de la paz y la tranquilidad. Eso lo compartimos casi todos los que estamos en la montaña. Otro aspecto muy importante es el ayudarnos los unos a los otros. Me ha pasado en carreras de pararme y ayudar a la persona que tenía al lado, o que me preguntaran si necesitaba algo. Somos rivales y estamos corriendo, pero en el fondo, la prioridad para la mayoría de nosotros no es el resultado. Cuando hacía atletismo, eso no pesaba, pero es normal, porque si corro un kilómetro en pista, no voy a parar a ayudar a la que tengo al lado. No es necesario.

K: Claro, es muy distinto. Estás compitiendo más tiempo, hay muchas zonas en las que no hay nadie más y si a alguien le ocurre algo son los mismos rivales los que van a poder ayudarle. En cambio, en una pista de atletismo o una maratón de asfalto, en todo momento va a haber asistencia externa pendiente de ayudar a quien lo necesite. El entorno es muy distinto.

A: Y en un ultra también puedes estar una hora hablando con una persona que te has encontrado y no conoces de nada.

K: Yo en carrera he hecho muy buenos amigos, la verdad. He conocido a gente que estarán conmigo para toda la vida.

A: Todo eso es lo que me encanta, lo que me hace sentir que esto es diferente. Y el contacto con la naturaleza me carga las pilas. Puedo estar un día cansada, pero salgo al monte, o voy a la playa, y vuelvo a tope de energía positiva.

K: Estás apoyada por Land y Hoka One One, entre otros. ¿Cómo es tu relación con el mundo de los patrocinadores?

A: Tengo muy buena relación con Land y estoy encantadísima con ellos. Yo no era conocida en este mundo de las carreras de montaña y desde el primer momento confiaron en mí.

 

 

 

Afortunadamente vamos creciendo juntos. El apoyo en material y económico significa mucho para mí y me facilita poder competir. Si acudo a las carreras que voy es porque tengo un equipo detrás que me apoya. Si tuviera que depender sólo de mi salario, podría plantearme una carrera lejos al año. Gracias a ellos, puedo moverme más. Y con Hoka One One, igual. Confiaron en mí desde el primer día y he crecido con ellos. Empecé a la vez con las dos marcas y llevo ya tres años con ellos. El material que uso me va genial. Soy de las que pienso que si algo funciona no hay que cambiarlo. Nunca llevaría material que no me va bien. Si uso un producto es porque confío plenamente en él.

K: Es lógico. Y además tampoco te va a repercutir tanto económicamente.

A: Exacto, no es el caso ni va a serlo. Y tengo otros pequeños patrocinadores y colaboradores: el gimnasio de Vigo Máis que Auga, Tailwind en nutrición, las gafas y relojes Coros, Camelbak… La verdad es que no me quejo. Me encuentro muy a gusto y me tratan muy bien.

K: Lo más importante es que estéis las dos partes cómodas. Que te quieran y te valoren por lo que eres y lo que haces.

A: Que no me cueste correr. Tampoco pido más. Disfrutar de la montaña, conocer gente y descubrir nuevos sitios… Es lo que me llevo.

K: Seguro que aún te quedan muchos por conocer.

A: ¡Seguro que sí! Esta cabeza no para [Risas].

K: Para acabar… ¿Qué le dirías a alguien que quiere cambiar sus hábitos, que lleva una vida sedentaria y tiene ganas de empezar a hacer deporte?

A: Si quieres hacer deporte, no hay excusas, edades, ni límites. Lo que hay que poner son ganas. He conocido a mucha gente en la montaña que me ha sorprendido. Yo misma, con 35 años volví al deporte y con 36 a correr. Mira donde estoy ahora y los objetivos que me planteo. ¿Quién me lo iba a decir hace unos años? Gente que no ha hecho deporte en su vida y después de jubilarse empiezan en la montaña, les cambia la perspectiva y descubren un apasionante mundo a su alrededor. Si quieres, puedes. Correr o caminar, lo que te apetezca, pero sin excusas.

K: Al final, con ganas nunca es tarde. Un placer hablar contigo, Aroa. Espero que te siga yendo tan bien y que no paren esas ganas de superarte.

A: Igualmente, Alex. Un placer y hasta pronto.

 

Las experiencias no se compran. Cada persona avanza a su manera y los años nos van enseñando a vivir. Con energía, ganas y alegría siempre es todo más fácil. Cambiar de vida y de hábitos es cuestión de voluntad. Descubrir un mundo nuevo, la felicidad impagable de la superación. Cumplir objetivos, derrotar miedos. Aroa nos inspira a luchar, a demostrar que la pasión mueve el mundo. Si algo te apasiona, no hay excusas. Sobran ganas. Puede costar ese primer empujón, pero cuando la rueda empieza a girar ya no hay quien la pare. Y si encima está bien acompañada, seguro que llegará muy, muy lejos.

 

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